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SEXO ORAL: De las felatrices a garganta profunda

Corría el año 1972 cuando el sexo oral se convirtió poco menos que en debate nacional y en epicentro de una tormenta social y política sin precedentes. La historia del sexo oral es tan vieja como la del mundo. Los egipcios consideraban la felación todo un arte, algo casi dotado de poderes divinos capaz de devolver a la vida a todo un dios del inframundo. Respetaban a las felatrices, jóvenes expertas en sexo oral que se distinguían por llevar los labios pintados de rojo. También la cultura nipona valoraba el sexo oral en todas sus formas, como se ve en los Shunga, estampas pornográficas que fueron todo un éxito durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Con el tiempo nos volvimos más pacatos, más moralistas, hasta el punto de que durante el siglo XIX esta práctica pareció desaparecer de la tierra.

Llegamos así a la segunda mitad del siglo XX y a sus muchas revoluciones, incluida la sexual. Los jóvenes norteamericanos, los beat y los hippies, predicaron el amor libre y la libertad sexual. Y así estaban las cosas cuando apareció en pantalla ella, Linda Lovelace y su anorgasmia. La atractiva joven no podía llegar al clímax por mucho que lo intentara. Tal era su frustración que acudió al médico y ¡tatatachán! Resulta que tenía el clítoris en la garganta. Ya sabéis por donde voy, ¿no?


Garganta profunda se convirtió en la primera película porno de culto de la historia y también en la más rentable hasta el momento. A pesar del sexo explícito, el argumento era casi cómico, lo que no impidió que Nixon y su administración pusieran el grito en el cielo tachándola de obscena e iniciando una cruzada contra los responsables de atacar la moral estadounidense. De poco sirvió, la sociedad norteamericana acudió en masa a los cines, hasta Jacky Kennedy hizo cola ante la sala donde se proyectaba la película.

Sea como sea, fueron muchas las mujeres que descubrieron gracias a la película dos cosas fundamentales, la existencia del clítoris (aunque por favor, no lo busquen en la garganta) y que el sexo oral podía ser divertido.

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Pero ¿cómo se ve el sexo oral hoy en día?

Aunque pueda sorprender, según los datos divulgados en 2017 por Journal Sex of Medicine, el 30% de los hombres no practicaba ni recibía sexo oral. No se alboroten, otro estudio de The Canadian Journal of Human Sexuality sostiene que solo un 28% de las mujeres entre 18 y 24 años encuestadas, reconocía disfrutar practicándolo y recibiéndolo. No es tan extraordinario si tenemos en cuenta que se nos educan en tabúes y prohibiciones, ¿y qué hay al otro lado? La pornografía. Lo que está bien y lo que está mal, lo convencional y lo sucio.

El sexo oral es como cualquier otra práctica sexual, la única diferencia es que utilizamos los labios, la boca y la lengua para estimular los genitales de nuestra pareja. Es divertido, tanto los hombres como las mujeres pueden llegar al orgasmo recibiéndolo, disminuye el riesgo de depresión y encima ¡no hay peligro de embarazo! Pero ojo, sí se pueden contraer enfermedades e infecciones de transmisión sexual, así que como en todo, cuidado.

Recuerda, cualquier juego sexual, siempre que sea consensuado y que a ambos os guste, está más que permitido. Ya hablaremos más tarde de cómo mejorar la técnica, pero adelantamos el primer consejo: mucha práctica.